devise

emblématique et héraldique à la fin du Moyen Âge

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Bande

Un écu chargé d’une bande engoulée

Période
1390-1410
Aires géographiques
Espagne-Castille
Personnage
Henri III de Castille
Famille
Castille-Trastamare
Devises associées
bande engoulée

Une bande parfois engoulée et inscrite dans un écu

Jean Ier maintient un temps l’usage de l’ordre de la Bande dont l’insigne figure sur plusieurs des sceaux (empreintes de 1382 et 1385) et sur des monnaies[1]. Dans un document de 1385, le roi prie son successeur de conserver à son Chancelier, le chroniqueur Lopez de Ayala, l’office de porte enseigne de la Bande[2]. Office que Boulton suppose devenu alors purement honorifique, sans relation avec un réel ordre de chevalerie[3]. Comme le souligne Alvaro de Cordova Miralles[4], la défaite d’Aljubarrota (1385) qui voit la capture du pennon de l’ordre et de son porte bannière, marque un sérieux revers dans le prestige de l’ordre qui semble alors devenir davantage une marque honorifique librement dispensée par le souverain. Ainsi, en 1387, le roi accorde la Bande aux femmes de Palencia en reconnaissance de leur action dans la défense de la ville contre le duc de Lancastre, preuve de la nouvelle souplesse de fonctionnement de cette devise.

Por otra parte, el ordenamiento de la orden seguía sirviendo de modelo para otro tipo de ensayos caballerescos como la cofradía cacereña de Nuestra Señora del Salor fundada por el rey en 1383 “a imitación de la de la Banda”[5]. Es posible que tales medidas obedecieran al deseo de superar la escisión de los descendientes de Pedro I y atraer a los viejos epígonos petristas que ostentaban la Banda en sus escudos como signo reivindicativo de su causa[6].

La batalla de Aljubarrota supuso un serio revés para la orden. Su pendón cayó junto al pendón real, y su alférez López de Ayala –“cubierto de heridas y quebrantados dientes y muelas”– fue entregado al cautiverio al ser descubierto entre los numerosos prisioneros a pesar de haberse despojado de su insignia[7]. El prestigio y efectivos de la Banda debieron verse tan mermados que en 1387 Juan I llegó a premiar a las mujeres de Palencia con su insignia por su participación en la defensa de la ciudad frente al ejército anglo-luso del duque de Lancaster, autorizándolas a portar la banda de oro en sus tocados y ropas “como las traen los caballeros de la banda, pues ellas suplieron el oficio de ellos”[8]. El gesto reflejaba hasta qué punto aquel distintivo se estaba consolidando como signo de fidelidad y valor que el monarca podía conceder a su arbitrio alterando los estatutos fundacionales como Pedro I pudiera haberlo hecho años atrás[9].

Las fundaciones caballerescas del Espíritu Santo y de la Rosa de 1390 se explican por esta urgente necesidad de renovación caballeresca ante el desgaste sufrido por la vieja caballería de la Banda. Juan I se cuidó sin embargo de anular la antigua orden que recuperó nuevos bríos en tiempos de su sucesor, en parte quizá por la cancelación de aquellas fundaciones que podría haber asentado a la Banda un golpe letal. No debía ser este el propósito del segundo Trastámara que presenció durante su reinado cómo la orden adquiría un creciente prestigio al compás de sus campañas militares. De ahí que su insignia se difundiera en los mausoleos de aquellos aristócratas que deseaban ligar su memoria a esta marca de fidelidad al rey y de valor guerrero. Entre estos enterramiento destacan los atribuidos al taller toledano de Ferrand González, que produjo obras tan notables como el cenotafio de Pedro Suárez (1385-1390) –alcalde mayor de Toledo fallecido en la batalla de Troncoso frente a los portugueses– que ostenta el escudo de la Banda sembrada de castillos en su parte central[10]. Tan interesantes como éste son los túmulos atribuidos al mismo taller en que la insignia figura sobre el pecho del difunto, como sucede en el mausoleo de Pedro López de Ayala en el monasterio de Quejana en Álava (1390-1400), el de Juan Alfonso de Ajofrín († 1385) en Santo Domingo el Antiguo (1385-1390), o el autóctono sepulcro de Fernán Pérez de Andrade o Boo († 1387), caballero favorecido por Pedro I y Enrique II, sepultado en la iglesia franciscana de Betanzos con una extraña banda cruzándole el pecho[11].

Notes

  1. VILLANUEVA Lorenzo Tadeo, « memoria sobre la Orden de Caballeria de la Banda de Castilla », dans Boletin de la real Academia de Historia 73 (1918), p. 436-465.
  2. Voir ROSELL don Cayetano, Cronicas de los reyes de Castilla desde Alfonso el Sabio, hastas los Catolicos Don Fernando et Dona Isabel , Madrid, 1875, t. II, p. 186ff.
  3. BOULTON d’Arcy Jonathan Dacre, The knights of the Crown, the Monarchical Orders of Knighthood in Later Medieval Europe 1325-1520, Woodbridge, 1987, p. 60.
  4.  de Córdova Miralles Á. F., « Bajo el signo de Aljubarrota : la parábola emblemática y caballeresca de Juan I de Castilla (1379-90) » (à paraître).
  5. La ausencia de datos sobre tal fundación y morfología de esta cofradía impide sacar demasiadas conclusiones, como advierte Rodríguez Velasco, J. D., Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería. Poética del orden de caballería, Madrid, 2009, pp. 159-160.
  6.  Sobra la transformación nobiliaria de esta época y su debate historiográfico cfr. María Concepción Quintanilla Raso, “La renovación nobiliaria en la Castilla bajomedieval: entre el debate y la propuesta”, en La nobleza peninsular en la Edad Media, León, 1999, pp. 255-296; Gerbet, Marie-Claude, Las noblezas españolas en la Edad Media: siglos XI-XV, Madrid, 1997, pp. 160-195; sus implicaciones en las filas de la Banda en Rodríguez Velasco, J. D., Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería, ob. cit., pp. 215-216.
  7. Seguramente se trata del pendón de la divisa que cayó junto al pendón de Castilla en la fase final de la batalla; Lopes, Fernão, Chronica de El-Rei D. João, vol. IV, Lisboa, 1897-1898, p. 168; sobre el comportamiento de Ayala cfr. Devia, C., “La lucha fratricida en el Cuento de los Reyes (El Victorial) y en las Crónicas del canciller Ayala”, Anuario de estudios medievales, 40-1 (2010), p. 396.
  8.  El autor añade que “muchas dueñas nobles, aun asta nuestro tiempo se preciaron de traer aquellas bandas, de que ya no ay memoria”; Fernández de Madrid, A., Silva Palentina, Palencia, 1976, pp. 260-261.
  9.  La Jarretera inglesa admitía desde 1358 a damas en su seno; y tampoco era original la intervención regia en la orden, pues en fechas anteriores se había acusado a Pedro I de adulterar los estatutos al admitir a judíos; Grey, Th., Scalacronica, ed. H. Maxwell, Glasgow, 1908, p. 163; cuestión distinta es que el despojamiento de Carrillo al que aludimos en otro lugar contravenía los estatutos, como debía considerar Pérez de Ayala.
  10.  Se trata del sepulcro que se conserva actualmente en el Museu Frederic Marès (Barcelona) y se hallaba en el palacio-convento de Santa Isabel la Real (Toledo), en cuya portada figura el mismo escudo; cfr. Pérez Higuera, M. T., “Ferrand González y los sepulcros del taller toledano”, Boletin Seminario Arte y Arqueologia Universidad Valladolid, XLIV (1978), pp. 129-142; Basilio Pavón Maldonado,Tratado de arquitectura hispanomusulmana…, vol. III, pp. 653 y 670. Quizá también parta de estos años el uso de la banda engolada entre Castilla y León que usaron tardíamente los descendientes de Pedro I –el linaje Castilla–, como sus nietos Pedro –obispo de Palencia– y Constanza († 1478); cfr. Menéndez Pidal, Faustino, Heráldica de la casa real…, pp. 250-260.
  11. Camps Cazorla, Enrique, “Rarezas iconográficas en San Francisco de Betanzos”, Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Orense, tXIV (1943-1944), pp. 93-94; Fraga Sampedro, Mª Dolores, “San Francisco de Betanzos: nuevas aportaciones a su programa iconográfico”, Anuario Brigantino, 18 (1995), pp. 210-226; Manuel Antonio García Lamas, “La memoria de Fernán Pérez de Andrade O Bóo en las iglesias de Montes do Sor: San Pantaleón de Cabanas, Santa María de Cabanas y San Paulo de Riobarba”, Disponible en http://catedra.pontedeume.es/15/catedra1506.pdf.

Bibliographie

Suárez Fernández L., Historia del reinado de Juan I de Castilla. Estudio y documentos, vols. I-II, Madrid, 1977-1982 ; Id., Juan I de Trastámara: 1379-1390, Burgos, 1994

Olivera Serrano C., “ La Península bajo los primeros Trastámara (1350-1406)”, e-Humanista. Journal of Iberian Studies. Peer-reviewed electronic journal, 10 (2008), pp. 1-30.

Suárez Fernández L., Monarquía hispana y revolución Trastámara, Madrid, 1994.

Valdeón Baruque J., Los Trastámara. El triunfo de una dinastía bastarda Madrid, 2001.

de Córdova Miralles Á. F., « Bajo el signo de Aljubarrota:la parábola emblemática y caballeresca de Juan I de Castilla (1379-90) » (à paraître)

BOULTON d’A. J. D., The Knights in the Crown: The Monarchical Orders of Knighthood in Late Medieval Europe, 1326–1520, 2nde ed., St. Martin’s, 2000, p. 46-49.

Menéndez Pidal F., Heraldica de la Casa real de leon y de Castilla (siglo XII-XVI), Madrid, 2011, p. 242-248

García Díaz, I., « La orden de la Banda », Archivum Historicum Societatis Iesu, 60 (1991), p. 29–89

Ceballos-Escalera y Gila A. de, La orden y divisa de la Banda Real de Castilla, Madrid, 1993, p. 93-95

Rodríguez Velasco J. D., Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería. Poética del orden de caballería, Madrid, 2009

Menéndez Pidal F., « Algunos datos sobre la Orden de la Banda », Armas e Troféus, 2ª serie, año V (1964) (sin paginar),

Autre devise pour Henri III de Castille

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